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NI TÚ ERES UN PRÍNCIPE NI YO HE PERDIDO UN ZAPATO

NI TÚ ERES UN PRÍNCIPE NI YO HE PERDIDO UN ZAPATO
Ficha técnica
Editorial:
ESENCIA
ISBN:
9788408215738
Idioma:
ESPAÑOL
Formato:
PDF
DRM:
Si
Tagus

4,99 €

La vida de Malena era casi perfecta hasta que, el día antes de su boda, su futuro marido le comunica que su relación ha sido una equivocación y que no va a casarse con ella. Hundida en la más profunda de las tristezas, acepta el plan de Vicky, su mejor amiga, que la anima a aprovechar el viaje de novios y tomarse unas vacaciones juntas. Lo que ella no imagina es que ese viaje cambiará su vida para siempre, pues allí conocerá a Donatello, un descarado italiano de preciosos ojos verdes que la desconcierta por completo.

Con una amiga dispuesta a todo, una extensa familia italiana, muchos malentendidos, mentiras, un volcán y una ardiente pasión, Malena tendrá que lidiar con sus sentimientos y con un futuro incierto.

¿Será capaz Donatello de hacerle abrir los ojos?

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Yo nací y no había nadie en casa. En ese momento mi madre estaba comprando y cuando regresó ¡me echó tal bronca?! Bueno, no fue realmente como el maestro Gila lo contaba, pero pasó algo parecido. Esta pobre que os escribe vino al mundo en un momento en el que su madre casi no la esperaba, ella tan tranquila y, ¡hala!, aparecí yo hace bastantes más años de los que me gusta recordar. Desgraciadamente, dicen que la edad es un grado, pero a mí los únicos grados que me gustan son los del verano y la cervecita helada que te sirven en el chiringuito. En ese orden. Nací y crecí. Me casé y procreé. También por ese orden. Y de mayorcita, antes de casarme y procrear, los dedos ya le daban a las teclas de manera incontrolada. Algo así como la escritura automática pero sin poseerme ningún espíritu. Por lo tanto, lo de poner orden y sentido a las letras, las palabras y las frases, y conseguir que se entiendan, es algo que llevo haciendo mucho tiempo (aunque me daba vergüenza admitirlo). No hablaré de qué hago, dónde vivo u otras cosas, no vaya a ser que no os guste y deseéis venir a devolverme el libro o algo peor. Pero si buscáis mi nombre en el listín telefónico, aparezco por la M de McMahou. Por lo tanto, aquí me hallo, me encuentro y creo que soy. Espero no perderme. Y que dure.